29.9.06
Periodistas tecnológicos ¿domesticados?
(OPINIÓN) En los últimos tiempos la información tecnológica se ha hecho un hueco en todo tipo de publicaciones. Da igual si se trata de revistas de moda, periódicos ‘serios’, portales digitales, o de blogs más o menos profesionales: los artículos y reseñas sobre artilugios, dispositivos de almacenamiento, formatos, etc, siempre están presentes.
Toda la vida han existido las páginas de ‘bazar’ en las revistas de papel couché. A estas secciones se han incorporado los cacharros tecnológicos… pero eso no es lo grave.
Lo grave es que fuera de esas páginas, cada vez son más los medios que publican ‘noticias’ que prácticamente no pasan de notas de prensa o publirreportajes de los fabricantes, con datos tales como cuánto costará el próximo reproductor de MP3 de Microsoft, o cuándo saldrá la PlayStation 3 en Europa.
Este tipo de ‘márketing editorial’ venía existiendo en el mundo de los libros, los discos y otros bienes culturales que el capitalismo se ha encargado de convertir en productos de consumo.
No obstante, el hecho de que se trate de objetos “culturales”, con un significado más allá del mero objeto, hacían excusable que se informara sobre ellos.
El lanzamiento de una novela de Vargas Llosa, por ejemplo, no es sólo un jalón importante en la estrategia comercial de una compañía editorial, también puede marcar un punto de referencia en la historia de la literatura hispanoamericana y, por eso, se debe informar al respecto.
Pero, ¿qué ocurre con el lanzamiento de un reproductor de MP3, o con el de un nuevo formato de DVD en alta definición?
Otra cosa es la información sobre hechos tecnológicos que marquen un antes y un después en las vidas millones de personas: por ejemplo, la digitalización de las bibliotecas universitarias por parte de Google, o el lanzamiento de un nuevo medio de transporte como el Segway.
El tecnoperiodista
Los periodistas de tecnología son legión y su número no deja de crecer. Los hay buenos, malos, altos y bajos, como en cualquier otra faceta del periodismo especializado.
La lluvia de pequeños regalos, invitaciones y privilegios que las empresas de tecnología envían a las redacciones hace muy difícil la resistencia profesional: uno acaba pensando que “lo normal” es que le paguen un viaje al extranjero para informar sobre el lanzamiento de algún artilugio.
Y esto se ve como algo “normal” porque “todo el mundo” acude a esas citas y si uno no va perderá contactos y chivatazos.
(Además, mola colgar en algún lugar de casa las acreditaciones que uno va acumulando, o vestir las camisetas ultra-fashion de un videojuego que aún no ha salido).
Ocurre, pues, que el tecnoperiodista es, frecuentemente, fan de los productos tecnológicos y actúa, algunas veces, como un consumidor privilegiado.
Tampoco es raro que los bloggers ‘independientes’ reciban por adelantado modelos de aparatos electrónicos para que los prueben y cuenten su opinión a los lectores.
Éstos, a su vez, son autores de blogs, y vinculan los artículos de los "popes", para contarse entre los iniciados: márketing viral altamente efectivo.
Conclusión
Dejo dos cuestiones en el aire. Una ya la he formulado más arriba de manera indirecta: ¿Hasta qué punto es pertinente informar del lanzamiento de objetos tecnológicos?
Y dos: ¿Corren el peligro los periodistas tecnológicos de convertirse en meros agentes de ventas de las grandes multinacionales de la tecnología?
Y desde ya dejo constar mi opinión ante una probable objeción:
Alguien dirá que le parece que, en términos culturales, un reproductor de MP3 es tan valioso como una novela.
Ésa es una postura muy futurista, y justificable, quizá, en el caso de algunos artilugios tecnológicos muy determinados. No obstante, en general, me parece que dar el mismo valor a un cacharro que a una narración o a una melodía es una estupidez.
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