12.7.08


La Historia es un consolador 


La cosa se puede explicar de manera rápida. El ser humano no tiene ni idea de dónde se encuentra ni de la causa por la que existe. Desde hace milenios carecemos de referencias y nos movemos en un mundo de conceptos inventados por nosotros mismos.

Cualquier individuo medianamente inteligente y con un mínimo de curiosidad se sentirá desamparado si toma un poco de distancia con el día a día, pone su vida en perspectiva y repasa todo el sufrimiento que existe y todo el humor que hace falta para levantarse de la cama.

La idea de Dios y la de las religiones fueron inventadas por el hombre por dos motivos: daban el control social a las élites y, a cambio, la peble obtenía un sentido (consuelo) ante la absoluta falta de sentido de la existencia.

Luego llegó lo de la muerte de Dios y entonces se empezó a oír una bella frase: “la Historia me juzgará”. El Juicio Final ya no lo hace Dios, si no la Historia. La Historia (esa que se apila en libros), no es más que otra idea inventada por el hombre para consolarse de su absoluta falta de sentido.

La Historia también es el opio del pueblo. Es el consolador de los ateos. Huyen de Dios y se echan en manos de la Historia. Pero atreverse a pensar no sólo debe significar carecer de la idea Dios (ser ateo), sino también rechazar la idea de la Historia (ser ahistórico).

Es evidente que al igual que la secuencia nacimiento-muerte-resurrección consuela, también lo hace la secuencia planteamiento-nudo-desenlace. En la primera (la religiosa) el protagonista es el individuo que nace, muere y resucita. En la segunda, (la historicista) la protagonista es la humanidad. Y esa segunda secuencia también consuela porque, como toda secuencia, tiene un sentido. (Sí, como en el cine, como en las novelas, hay protagonistas, planteamiento, nudo y desenlace).

Se hace muy duro aceptar que no conocemos la razón de nada, que carecemos de referencias. Que no podemos ver el cuadro desde la distancia por que estamos (¿estoy?) dentro de él. La mera conjugación en primera persona del plural de un verbo podría ser un autoengaño.

El hecho de que un individuo acepte la idea de la Historia, y de que acepte insertarse en la sociedad siguiendo en mayor o menor medida sus convencionalismos no debería dejar de ser, siempre, una decisión consciente. Libre. Nunca debería ser algo que se hace por inercia, irreflexivamente. Porque sí.

En fin, cualquiera que apele a la Historia (suelen hacerlo los políticos), tiene algo de sacerdote. Pero mucho peor que creer en la Historia o querer hacer prosélitos que alteren su conducta por razones "históricas" es querer convertirse en un ser "histórico". Ese es el mayor pecado: intentar entrar en la Historia de la Literatura, por ejemplo. O en la de la Filosofía. Eso es como querer entrar en una secta.




14 Comments:

Magnífica entrada que debería leer más de uno que quiere contentar a Dios o pasar a la Historia a toda costa.

By Blogger Agnóstico Apático, at 12 de julio de 2008, 20:21  

La Historia es un consolador
[Un título de lo más chispeante, sí señor]

La cosa se puede explicar de manera rápida. El ser humano no tiene ni idea de dónde se encuentra [sabemos bien, relativamente, claro, otra manera no hay, dónde estamos] ni de la causa por la que existe [este asunto es más viejo que la tana, desde Kant (1781) no tiene el menor sentido hablar de causalidad antes de la existencia]. Desde hace milenios carecemos de referencias [¿acaso hubo otros milenios en los que sí las tuvimos?] y nos movemos en un mundo de conceptos inventados por nosotros mismos.

Cualquier individuo medianamente inteligente y con un mínimo de curiosidad [yo, yo que eres tú] se sentirá desamparado si toma un poco de distancia con el día a día, pone su vida en perspectiva y repasa todo el sufrimiento que existe y todo el humor que hace falta para levantarse de la cama [con todos esos niños muriéndose de hambre, lo entiendo muy bien].

La idea de Dios y la de las religiones fueron inventadas por el hombre por dos motivos: daban el control social a las élites y, a cambio, la peble obtenía un sentido (consuelo) ante la absoluta falta de sentido de la existencia. [Vamos a ver, ¿las inventó ‘el hombre’ o las élites?; además esa resobadísima explicación podrá dar razón de los procesos antropológicos que están detrás del surgimiento de la divinidad, pero desde luego nadie se ha atrevido a afirmar, cosa que sí parece desprenderse del texto, que las malísimas élites lo hicieron conscientemente, que ellos nunca creyeron, y que a ellos tampoco les sirvió nunca de explicación o consuelo. Eran malos, querían mandar y se inventaron a Dios. Nietzsche, en “La genealogía de la moral”, lo explica de otra manera, pero es muy posible que estuviera equivocado.]

Luego llegó lo de la muerte de Dios y entonces se empezó a oír una bella frase: “la Historia me juzgará”. [Atención a este bonito texto de 1637, bastante anterior a la tan cacareada muerte de Dios, o a su anuncio, que es lo mismo: “Hay gracia de historiadores también, tan de codicia cuan de inmortalidad, porque son sus plumas las de la fama. Retratan, no los aciertos de la naturaleza, sino los del alma. Aquel fénix Corvino, gloria de Hungría, solía decir, y platicar mejor: que la grandeza de un héroe consistía en dos cosas; en alargar la mano a las hazañas y a las plumas, porque caracteres de oro vinculan eternidad.” (Gracián, El Héroe, Primor XII) No parece que la importancia de la Historia fuera una consecuencia de la muerte de Dios]
El Juicio Final ya no lo hace Dios, si no la Historia. La Historia (esa que se apila en libros), no es más que otra idea inventada por el hombre para consolarse de su absoluta falta de sentido. [ Y para que manden los malos, no nos olvidemos. También Nietzsche se explayó sobre el particular, en otro sentido, claro: http://www.zeno.org/Philosophie/M/Nietzsche,+Friedrich/Unzeitgem%C3%A4%C3%9Fe+Betrachtungen/2.+Vom+Nutzen+und+Nachteil+der+Historie+f%C3%BCr+das+Leben]

La Historia también es el opio del pueblo. Es el consolador de los ateos. Huyen de Dios y se echan en manos de la Historia. [O sea, que al panadero del barrio, donde queden, cuando le da la depre, en lugar de consolarse con San Pedro en el Cielo, dice: “joder, yo apareceré en los anales de la Historia, rubro: pequeño comercio.”] Pero atreverse a pensar no sólo debe significar carecer de la idea Dios (ser ateo), sino también rechazar la idea de la Historia (ser ahistórico) [Desde luego, qué cosas, cómo son estos rebeldes, con lo bendito que era el que escribió ‘sapere aude’].

Es evidente que al igual que la secuencia nacimiento-muerte-resurrección consuela, también lo hace la secuencia planteamiento-nudo-desenlace. [El famoso metarrelato... ah, no, que eso era de posmodernos, que también son malos] En la primera (la religiosa) el protagonista es el individuo que nace, muere y resucita. En la segunda, (la historicista) la protagonista es la humanidad. Y esa segunda secuencia también consuela porque, como toda secuencia, tiene un sentido. (Sí, como en el cine, como en las novelas, hay protagonistas, planteamiento, nudo y desenlace).

Se hace muy duro aceptar que no conocemos la razón de nada [sin exagerar], que carecemos de referencias. Que no podemos ver el cuadro desde la distancia por que estamos (¿estoy?) dentro de él. [Otra vez posmodernismo, va a haber que mirárselo]. La mera conjugación en primera persona del plural de un verbo podría ser un autoengaño. [En fin, esto sí que es nuevo; no perdamos de vista tampoco la primera del singular]

El hecho de que un individuo acepte la idea de la Historia, y de que acepte insertarse en la sociedad siguiendo en mayor o menor medida sus convencionalismos no debería dejar de ser, siempre, una decisión consciente. Libre. Nunca debería ser algo que se hace por inercia, irreflexivamente. Porque sí. [Ese vínculo entre aceptar la idea de la Historia –ideas de la historia hay muchas- y aceptar insertarse en la sociedad parece más bien forzado]

En fin, cualquiera que apele a la Historia (suelen hacerlo los políticos), tiene algo de sacerdote [qué horror, huyamos]. Pero mucho peor que creer en la Historia o querer hacer prosélitos que alteren su conducta por razones "históricas" es querer convertirse en un ser "histórico". Ese es el mayor pecado: intentar entrar en la Historia de la Literatura, por ejemplo. O en la de la Filosofía. Eso es como querer entrar en una secta.
[Bueno, entonces la idea es que hay que ser ‘ahistórico’, y para eso basta con no querer entrar en la historia. No... si sí.
Es domingo y llueve.]

By Anonymous David MP, at 13 de julio de 2008, 15:55  

Gracias, David MP, hace mucho que no me reía tanto. En serio.

By Blogger Toño, at 13 de julio de 2008, 18:37  

Entre que uno no existe y la otra esta mancillada por parte de los ganadores,haciendo desaparecer todo vestigio de los que les tocaron los cojones,vamos daos!!

By Blogger DJ, at 13 de julio de 2008, 19:01  

De nada, esa era la idea.

By Anonymous David MP, at 13 de julio de 2008, 21:34  

Con el día tan bueno que ha hecho...

By Anonymous jesus is coming, at 13 de julio de 2008, 21:42  

http://historiasdeunsersuperior.wordpress.com/

By Anonymous Anónimo, at 14 de julio de 2008, 6:16  

Soy licenciado en Historia y me dedico a ella... Es bella, no es exacta, pero es imprescindible.
La Historia no es el opio del pueblo. El pueblo la desconoce -en el mejor de los casos- o la desprecia. Otros, sin más, se la inventan.

Y, sin creer en Dios, creo que es algo más que un consuelo. La gente que vive con profundidad su fe dicen que es muy costosa.

Una buena reflexión para un columnista, aunque no sé si tanto para un licenciado en Filosofía.

By Anonymous Carlos, at 15 de julio de 2008, 2:04  

Demasiados equívocos (para un licenciado en filosofía, como dicen por ahí): el principal, el clásico engaño meramente idiomático (quizá el señor Carlos pueda ayudarme a este respecto)debido a la polisemia del término "historia". Ahí van unas cuantas acepciones:

-la historia que se apila en los libros: más específicamente llamada historiografía. Es decir, lo que cada época, escuela, poder político, etc. ha considerado, o querido considerar, como "historia" en la acepcion del termino siguiente. El hecho de que sea actual no la convierte en "historia", sino en "historiografía contemporánea".

- La historia como descripción exacta -por medios linguísticos- de la realidad, que tiene en cuenta al tiempo, y que por tanto adopta la forma de relato: es decir, "relatar lo que realmente sucedió". No creo que haya que explicar las enormes dificultades filosóficas, lógicas y linguísticas sobre este punto.

- La historia como noción de la realidad: es decir, tesis que afirma que tienen lugar cambios no cíclicos en el tiempo. (En átomos, seres humanos, regímenes políticos o galaxias, tanto da) Es decir, la afirmación del Devenir.

- La historia como ciencia que trata de explicar los tales cambios, y que presupone, por tanto, la noción anterior,(cosa que no todas las filosofías aceptan, muchos postmodernos incluidos) y la de que, aun constatando la realidad del cambio, también es posible aplicar el metodo científico a este fenómeno.

¿De cuál de estos conceptos descree ud, señor fraguas? Me permito señalar que la negación del último punto es también la negación de una de las premisas básicas del izquierdismo.

By Anonymous Nos, at 15 de julio de 2008, 23:27  

Lapsus: "dice"

By Anonymous carlos, at 15 de julio de 2008, 23:28  

muy bueno. El vacio te llama.


Atreyu la nada esta cerca

By Anonymous damupi, at 16 de julio de 2008, 13:28  

Algunos suspensos siguen doliendo años después de la E. G. B.

By Anonymous Anónimo, at 16 de julio de 2008, 17:14  

Me refiero al concepto de Historia Universal (con todos los apellidos que se le quieran poner... de la Literatura, del Arte, etc). Aquello en lo que la gente piensa cuando se dice "hacer Historia" o "pasar a la Historia". Creo que está claro.

By Blogger Toño, at 16 de julio de 2008, 19:18  

Bueno, señor Fraguas, en mi opinión, la cosa no está tan clara.

Cuando la gente habla de "pasar a la historia", suele referirse a "aparecer en un libro de historia", es decir, figurar en alguna clase de historiografía (del arte, universal, del cultivo de hortalizas, etc., o bien en la historiografía marxista, la liberal, nacionalista, postmoderna, y demás). Lo cual no hace más que dar cuenta del viejo prejuicio de la "gente" acerca de la autoridad de la letra impresa...y del de los profanos en filosofía sobre el prodigioso poder del lenguaje.

Por poner un ejemplo del malentendido, de los muchos de su post: cuando ud escribe que la historia no tiene sentido, no se está refiriendo a estas historiografías, que, supuestamente, y siendo muy benévolos, sólo describen, (sería lo mismo que decir que una fotografía "no tiene sentido") sino a "Aquello que realmente sucedió" es decir, la HISTORIA(es decir, el objeto fotografiado)

La diferencia es importante, pues si son los libros de historia los que no tienen sentido, quizá es que la descripción que tratan de hacer no está bien hecha (y sería, por tanto, asequible el intento de hacer una que sí lo estuviera); si es la HISTORIA, es decir, la sucesión de acontecimientos REAL, la que no lo tiene, entonces su afirmación es mucho más amplia (la HISTORIA es caótica, de modo que no podemos saber ni explicar nada acerca de ella, ni basarnos en lo que podemos saber de ella para explicar el presente)

Así, que, sencillamente, ni sé ni puedo saber si estoy de acuerdo con ud o no.

By Anonymous nos, at 16 de julio de 2008, 23:56  

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