6.7.09


Escribir a dieta 


Por JUAN VILLORO

Diario REFORMA. Ciudad de México

(19-Jun-2009)

Hace años, en todos los periódicos trabajaba un gordo dedicado al arte de corregir la puntuación. Mientras otros sudaban en el lugar de los hechos, él leía con ojos de cazador. De tanto en tanto, chupaba un lápiz como quien prueba una golosina y tachaba un gerundio. No necesitaba consultar diccionarios porque había engordado a fuerza de adquirir palabras.

El corrector obeso era la versión extrema del periodismo sedentario. Su cuerpo expresaba autoridad. Aunque odiáramos sus enmiendas, lo veíamos como a un Buda cuyo paradójico don consistía en suprimir el adjetivo que tanto nos gustaba.

En un diario español conocí a uno de esos gordos, que además tenía el tino de apellidarse Grasa. Nadie se burlaba de él. Su nombre parecía heráldico, digno de su especialidad.

Los correctores perdieron importancia desde que la computadora prometió hacer esa tarea. El gran gordo desapareció mientras las redacciones se llenaban de gorditos.

Los reporteros se ejercitan menos; ya no persiguen las noticias a pie, sino que las buscan en las pantallas. Un oficio de flacos (recordemos al periodista famélico dibujado por Abel Quezada) se ha convertido en una tarea donde la barriga ya no es exclusividad del corrector en jefe.

Internet ha traído numerosos cambios culturales. No vamos a demonizar aquí algo bueno e inevitable, como la lluvia o el teléfono, pero es un hecho que los inventos ponen nerviosa a la gente. La fotografía anunció el fin de la pintura, el cine el fin de la fotografía, la televisión el fin del cine y la computadora el fin de la televisión. El resultado suele ser el opuesto. Cada nueva tecnología prestigia a la anterior: el plástico ennoblece al vidrio, el vidrio al bronce y el bronce a la piedra.

Las fotos polaroid, que parecieron el non plus ultra de lo moderno, acaban de desaparecer para siempre, convirtiendo a sus cultores -de Andy Warhol a David Hockney- en artistas de una edad pretérita.

Dentro de 50 años será imposible encontrar un sistema operativo para leer un CD con la información que hoy podemos grabar. En cambio, se leerán libros caligrafiados hace 2 mil años.

Internet refrendó la fuerza de la cultura de la letra. No podemos vivir sin escritura. La constelación que una vez se trazó con tinta de calamar, ahora brilla en nuestras pantallas.

Sin embargo, ante la galaxia Google, el periodismo impreso ha tenido un ataque de ansiedad. En vez de realzar sus recursos, imita los ajenos. Como la información en línea es muy solicitada, los periódicos tratan de parecer páginas web (menos letras, más imágenes, tips que simulan ser links...).

La reacción debería ser la contraria. Si en la pintura el abstraccionismo mostró lo que no puede hacer la fotografía, el periodismo impreso debería ofrecer lo que no funciona en la red: textos larguísimos para gente que conoce la calma. El periódico italiano La Reppublica es un buen ejemplo al respecto. Se lee al ritmo que impone el papel. Hace poco, uno de sus temas de portada fue la descripción de un beso. Es cierto que el autor era Orhan Pamuk, pero pocos diarios lo hubieran considerado digno de primera plana.

Lo curioso es que mientras se reduce el periodismo de investigación y se eliminan suplementos, las revistas ganan adeptos, demostrando que hay gente dispuesta a leer textos más extensos que los de las cajas de cereales.

La red se ha convertido en su propio tema: es el horizonte de los acontecimientos. En vez de acudir al lugar de los sucesos, el reportero vigila la realidad virtual. Como todos pueden llegar ahí, la competencia se basa en la homologación. El triunfo de conseguir algo único es menos decisivo que la derrota de perder lo que los demás consiguieron. La novedad tiene un criterio estándar.

Otro efecto secundario de internet es la disminución de corresponsales extranjeros. La red es una plaza sin patrias donde se intercambian datos de todas partes. Los enviados especiales se han vuelto caros y en cierta forma desconfiables: ven de manera peculiar un mundo que aspira a la norma.

Para colmo, en muchas ocasiones el reportero debe escribir un texto aplicable a varios formatos (el periódico impreso, la información en línea, el boletín de radio o televisión). Por lo tanto, ofrece una materia neutra donde los giros personales se evitan como grumos en el arroz con leche.

El periodismo sin señas de identidad permite que alguien comente: "ese texto es demasiado literario". La frase debería ser tan rara como la de un chef que dijera: "ese guiso es demasiado gastronómico". Casi siempre, la objeción se refiere a que el texto es complicado. La claridad es un requisito de la prensa (el desembarco en Normandía no se puede comunicar como un poema dadaísta), pero el miedo a la diferencia ha llevado a renunciar a los adverbios y los adjetivos.

Al alejarse de su esencia, la prensa escrita pierde lectores en todas partes. Mientras los periódicos adelgazan, los periodistas engordan.

No será por mucho tiempo. No hay vida sin historias. Nada más urgente que la crónica de un beso.

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Vínculo al diario Reforma (es necesario estar suscrito)




11 Comments:

Magistral.

By Blogger Madame Discordia, at 6 de julio de 2009, 16:32  

Vale, me lo creo. Pero, aparte de sus ombligos, ¿hay algo más en el universo?

By Anonymous Jo, at 6 de julio de 2009, 23:24  

Totalmente de acuerdo.

By Blogger Anxova, at 7 de julio de 2009, 1:13  

Bastante de acuerdo. Sólo matizaría, o añadiría, la necesidad de adaptar el contenido al medio. Está mal que se trate a los lectores como imbéciles incapaces de leer un texto largo y profundo simplemente porque éste se publica en internet. Pero también está mal no tener en cuenta que leer en una pantalla aún no es igual que leer en papel, entre otras cosas cansa mucho más la vista. Seguramente en un futuro próximo esto no tenga mayor relevancia, pero a día de hoy es un factor a tener en cuenta. Eso por no hablar de los medios digitales que parecen desconocer lo que es un hipervínculo, pero sospecho que eso se debe más a la llana, atemporal y universal incompetencia que a otra cosa.

By Blogger Miguel, at 7 de julio de 2009, 2:03  

yo uso internet fundamentalmente para leer, no chateo, no descargo música ni pelis, también me permite escribir aunque para eso no tengo que estar conectado. Al contrario de lo que pasa a otra gente a mi me gusta leer en la pantalla y a veces lo prefiero a leer en papel, en el papel no hay hipervínculos que amplíen la lectura...

By Blogger Infantil5, at 7 de julio de 2009, 9:51  

Estimado Toño Fraguas,
me ha encantado el artículo de Juan Villoro.
Un saludo,
Armstrongfl

By Blogger A. F, at 7 de julio de 2009, 9:55  

Da gusto leer estos artículos, en pantalla o en papel, lo bueno traspasa el soporte.

Dicho sea de paso como dice Jack Daniel en la referencia a este artículo la "ansiedad del medio impreso" se palpa también en la "ansiedad del medio digital". Los medios tradicionales no encuentran su formato digital.

Que las páginas webs sean metáforas de sus alter-egos impresos y que el papel simule el medio digital no produce más que una falta de personalidad de soporte.

Adaptación e integración se confunden con imitación.

Suscribo muy mucho las palabras de Juan Villoro. Espero que la posición "apocalíptica" gane a la de los "integrados".

Un saludo.

By Anonymous Cristian Eslava, at 7 de julio de 2009, 10:41  

Hace unos años habría opinado igual. Sin embargo, después de pasar trabajando en la web y ver qué es lo que la gente busca, tengo mis dudas sobre la postura de Fragua.

Me da la sensación de que, a veces, existe más una expresión de voluntad que un real sinceramiento con el medio. Es decir, a Fragua le GUSTARÍA que la gente leyera pausada y tranquilamente también en la web. El problema es que no lo HACE. Si los medios tradicionales pasados a la web son causa o efecto, ése es otro tema.

By Anonymous celegiqui, at 8 de julio de 2009, 12:47  

qué bueno Villoro.

By Anonymous Natalia Martin Cantero, at 12 de julio de 2009, 13:29  

El mejor artículo que he leído en mucho tiempo. Gracias.

By Anonymous Anónimo, at 12 de julio de 2009, 16:56  

Es interesante la descripción de la realidad del periodismo que hace el auto de la nota. Pero, muchas veces, los periodistas nos creemos nuestros propios cuentos. Trabajo en una redacción digital, que a su vez trabaja a la par de la impresa. "Los reporteros se ejercitan menos; ya no persiguen las noticias a pie, sino que las buscan en las pantallas". Esto, sólo en parte es realidad. Si tiene que haber editores sentados frente a la pantalla redactando, subiendo y editando el material que llega y el que se encuentra en internet. Pero la información local no nace de la web. Nace de periodistas que salen a la calle a buscarla. Muchas veces salí a cubrirla, regresé y subí ese material. Usamos mucha información local y para eso, muchas periodistas del diario salen a buscarla. Es el valor agregado de un diario digital, un verdadero diario digital. Después están los que copian y pegan todo lo que encuentran en internet. Pero la gente no es tonta, y sabe de inmediato de dónde lo copiaron. Además, como valor agregado, a la gente que le gusta leer más, se le sube documentos con el material completo, word, PDF. También se valora la buena pluma, sobre el copete corto y preciso. Están bueno debatir estos puntos de vista.

By Anonymous Anónimo, at 11 de agosto de 2010, 16:52  

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