10.11.11
La nueva fe

#dibujosenreuniones #dibujosenlaredaccion
Etiquetas: dibujos en la redacción, dibujos en reuniones, ideología, neocons, opinión, viñetas
27.9.11
Cuando al pobre...

Etiquetas: bancos, capitalismo, derecha, dibujos en la redacción, dibujos en reuniones, neocons, viñetas
20.9.10
Cuando decimos que en el PP hay mucho fascista...
...nos referimos a esto:
"Aquí no tenemos campamentos de gitanos como en Francia, aquí la situación es aún peor". "Están repartidos por varios barrios de la ciudad haciendo la vida imposible a los vecinos y, encima, cuando nos quejamos, nos atacan y nos tachan de racistas".
Palabras de Xavier García-Albiol, líder del PP en Badalona y concejal del Ayuntamiento de esa localidad
En el mismo estilo que Dereck en la película 'American History X'
"Aquí no tenemos campamentos de gitanos como en Francia, aquí la situación es aún peor". "Están repartidos por varios barrios de la ciudad haciendo la vida imposible a los vecinos y, encima, cuando nos quejamos, nos atacan y nos tachan de racistas".
Palabras de Xavier García-Albiol, líder del PP en Badalona y concejal del Ayuntamiento de esa localidad
En el mismo estilo que Dereck en la película 'American History X'
Etiquetas: falsos liberales, fascismo, ideología, neocons, partido popular
24.8.10
Anarquistas de los de antes
Han vuelto.
Este cartel negro, firmado escuétamente por una 'A' de anarquía, está pegado en la madrileña plaza de Tirso. Da gusto encontrar un cartel firmado así, de manera acéfala. Una consiga tras la cual no hay batasunos, ni estalinistas disfrazados (un auténtico cáncer contra el que el movimiento altermundista debe defenderse).

Esto es lo que pone:
Fábricas y empresas cierran sus puertas
Millones de personas se encuentran sin
medios con los que afrontar el futuro
Habían prometido que una vida transcurrida de rodillas,
entre un trabajo a beneficio de un patrón
y una obediencia a las voluntades del
gobierno, habría asegurado por lo menos
una tranquila supervivencia
Ahora está claro
para todos que se trataba
de una mentira…
Saltemos por encima de los sindicatos,
encontrémonos en las calles,
solidaricémonos en la práctica con los
conflictos de otras explotadas y participemos
activamente en los nuestros. Reunámonos en
asambleas de trabajadores y parados.
Es hora de que hablemos entre las que estamos
siendo afectadas por las políticas económicas
que impone el capitalismo.
Ataquemos a los responsables
de la miseria, solo podemos perder el miedo.
Recuperemos la dignidad
Hacia la huelga general indefinida
A la calle
Este cartel negro, firmado escuétamente por una 'A' de anarquía, está pegado en la madrileña plaza de Tirso. Da gusto encontrar un cartel firmado así, de manera acéfala. Una consiga tras la cual no hay batasunos, ni estalinistas disfrazados (un auténtico cáncer contra el que el movimiento altermundista debe defenderse).

Esto es lo que pone:
Fábricas y empresas cierran sus puertas
Millones de personas se encuentran sin
medios con los que afrontar el futuro
Habían prometido que una vida transcurrida de rodillas,
entre un trabajo a beneficio de un patrón
y una obediencia a las voluntades del
gobierno, habría asegurado por lo menos
una tranquila supervivencia
Ahora está claro
para todos que se trataba
de una mentira…
Saltemos por encima de los sindicatos,
encontrémonos en las calles,
solidaricémonos en la práctica con los
conflictos de otras explotadas y participemos
activamente en los nuestros. Reunámonos en
asambleas de trabajadores y parados.
Es hora de que hablemos entre las que estamos
siendo afectadas por las políticas económicas
que impone el capitalismo.
Ataquemos a los responsables
de la miseria, solo podemos perder el miedo.
Recuperemos la dignidad
Hacia la huelga general indefinida
A la calle
Etiquetas: anarquía, capitalismo, huelga, ideología, izquierda, neocons, política
30.3.10
Uf qué largo, paso de leerlo
La reflexión como amenaza (o la desaparición del periodismo de calidad fruto del capitalismo salvaje)
Quien haya visto la serie The Wire sabe lo que ocurre cuando se recorta el presupuesto, los sueldos, los medios para trabajar: si eres policía, se quedan crímenes sin resolver; si eres periodista, se quedan crímenes y otros delitos sin conocer...
La crisis económica global pasará, eso ya se sabe, pero la crisis que además vive el modelo de negocio periodístico lo cambiará para siempre. El negocio subsistirá, el periodismo de calidad, no. Este artículo pretende identificar una causa novedosa para la situación que atraviesa la prensa en general y el periodismo de calidad, en particular. La causa no es sólo la irrupción de los medios digitales, ni el encarecimiento del papel, ni la caída de la publicidad. Hay una razón de fondo para que la gente deje de comprar periódicos y se acelere así el círculo vicioso de ‘menos difusión=menos publicidad=menos ingresos=menos periodismo de calidad=menos páginas=menos tirada=menos difusión’. En este breve artículo voy a tratar de exponer esa razón de fondo sobre la que nadie habla, y eso que es muy simple: no hay tiempo para leer y no interesa que lo haya.
Cada vez es más patente la brecha entre el sistema de derechos y libertades que identifica a las democracias liberales, por un lado, y los intereses del capitalismo salvaje, por otro. Hasta hace bien poco el desarrollo del individuo y el cultivo de una ciudadanía crítica eran vistos como algo útil para consolidar sociedades abiertas y un sistema democrático estable en el que floreciera la libre empresa. En las últimas décadas ejemplos como el de China o Rusia han mostrado que no son necesarios ciudadanos críticos e informados ni sociedades abiertas para vivir en un ‘oasis’ de capitalismo salvaje.
Las moderadas democracias liberales, sostenidas cada vez más en precario por amenazadísimos Estados-nación (amenazadísimos por conglomerados político-empresariales de escala macroeconómica muy superior a muchos Estados), están viéndose abocadas a tremendas tensiones externas e internas que tienen el objetivo de acabar con el sistema de derechos sociales. Para ello el capitalismo salvaje actúa en dos frentes:
1. Frente externo (macroeconómico): Ataques directos y coacciones a los Estados vía acciones especulativas en Bolsa u organismos internacionales
2. Frente interno (microeconómico): Ultra regulación de la vida cotidiana de cada ciudadano. Desmantelamiento del sistema de afectos, apego y arraigo familiar (asilamiento social). Exaltación de la vida urbana como sinónimo de libertad e individualismo. Manipulación de la conducta (potenciación de comportamientos narcisistas, bombardeo aspiracional y fomento de la frustración). Conversión del tiempo de ocio en tiempo de consumo (ataque al ocio no consumista). Entretenimiento diseñado para el control de la conducta orientada a los objetivos anteriores (diversión en el sentido de distracción o evasión). Y, además: precarización de las condiciones laborales (en resumen: políticas de derecha neoliberal).
En el caso de los ataques en el frente interno, la migración masiva del campo a las grandes ciudades ha puesto las cosas aún más fáciles al capitalismo salvaje. Obviando ahora las ventajas evidentes de vivir en una megalópolis, es claro que en una gran ciudad se pierden raíces, se pierde la noción de colectividad y se disfruta de un anonimato que encubre la irresponsabilidad individual. Además (y esto no es un dato menor) se invierte mucho tiempo en desplazamientos: tiempo ideal para que se siga ultra regulando nuestra existencia con todo tipo de impactos audiovisuales.
En este contexto el periodismo de calidad es una suerte de anacronismo (o más bien, un enemigo, una amenaza real para el capitalismo salvaje). Empresarialmente no interesa: cuesta dinero, requiere tiempo y no brinda beneficios económicos especialmente grandes. Además, su mercado está desapareciendo: necesita de lectores descansados, bien formados (y la educación está como está) y que además dispongan de tiempo para reflexionar y de poder adquisitivo para invertir en la compra de ejemplares.
Los ciudadanos con buena formación, tiempo y dinero son una minoría. El ocio está proscrito. Leer la prensa con calma (y además leer no uno, sino varios periódicos, revistas, medios digitales, análisis profundos, críticas, etcétera) se ha convertido en un acto subversivo que el capitalismo salvaje no puede permitir y, lo peor, que las grandes corporaciones de la comunicación, como apéndices del capitalismo salvaje, tampoco van a tolerar.
El paulatino abandono por parte de los grandes grupos de comunicación del periodismo de calidad (en cualquier soporte) explica también algo del éxito del llamado periodismo ciudadano y de las redes sociales que, si bien pueden brindar excelentes ejemplos de periodismo de calidad, en la mayoría de los casos se quedan en la superficie de lo que ocurre. Los nuevos soportes premian la brevedad, lo instantáneo y lo ameno: por eso es como es la mayor parte del contenido que divulgan, aunque no siempre sea eso lo que buscan los ciudadanos (pese a la manipulación conductual constante a la que se ven sometidos).
Se quiera o no, hay realidades que no se pueden describir de manera breve, instantánea y amena. Todavía hay ciudadanos sin tiempo, sin ganas y sin dinero que sin embargo vencen la inercia a la que han sido empujados; ciudadanos que siguen intentando profundizar, informarse y reflexionar sobre esas realidades no banalizables… son el enemigo a batir y objeto coordinado de burla y desprecio.
El capitalismo salvaje ya no necesita a los periódicos (antes bien, cada vez los percibe más como una amenaza). Los ciudadanos, aunque no lo crean, sí los necesitan, pero lo que conviene a los ciudadanos nunca conviene al capitalismo salvaje. Ahora los políticos, que han recibido su legitimación en parte por los medios de comunicación, se ven en la disyuntiva de ayudar al periodismo de calidad en esta situación de crisis. En Francia se ha hecho pero, en general, parece poco factible: la prensa seria juega un papel esencial a la par que muy incómodo para los políticos. La prensa, cuando goza de medios y de tiempo, escruta a los políticos y también a los líderes sociales, económicos y culturales: pone de relieve corruptelas, injusticias, atrocidades... Todos contenidos muy inconvenientes para el capitalismo salvaje.
Igualmente, los grandes directivos de empresas de comunicación viven en la esquizofrenia entre cumplir su deber democrático con una ciudadanía global o, más bien, dejarse someter por los dictados de los accionistas (ávidos del máximo beneficio económico inmediato) y obedecer las órdenes inequívocas del capitalismo salvaje. Esas órdenes son el abandono del modelo de negocio que ha propiciado el periodismo de calidad. De entre todos los directivos de medios de comunicación, sólo los que tengan alma de periodista sabrán qué deben hacer (cuándo desobedecer o cuándo irse a su casa); los que tengan alma de capitalista, seguirán en la zapa.
La trivialización de la televisión y de los espectáculos de masas, la crisis de los sistemas educativos y el ocaso del periodismo de calidad pintan un futuro de totalitarismo ultracapitalista. La partida está en marcha.
(Apéndice humorístico: esta reflexión nada breve, nada instantánea y nada amena, ha sido escrita en mi día libre).
Quien haya visto la serie The Wire sabe lo que ocurre cuando se recorta el presupuesto, los sueldos, los medios para trabajar: si eres policía, se quedan crímenes sin resolver; si eres periodista, se quedan crímenes y otros delitos sin conocer...
La crisis económica global pasará, eso ya se sabe, pero la crisis que además vive el modelo de negocio periodístico lo cambiará para siempre. El negocio subsistirá, el periodismo de calidad, no. Este artículo pretende identificar una causa novedosa para la situación que atraviesa la prensa en general y el periodismo de calidad, en particular. La causa no es sólo la irrupción de los medios digitales, ni el encarecimiento del papel, ni la caída de la publicidad. Hay una razón de fondo para que la gente deje de comprar periódicos y se acelere así el círculo vicioso de ‘menos difusión=menos publicidad=menos ingresos=menos periodismo de calidad=menos páginas=menos tirada=menos difusión’. En este breve artículo voy a tratar de exponer esa razón de fondo sobre la que nadie habla, y eso que es muy simple: no hay tiempo para leer y no interesa que lo haya.
Cada vez es más patente la brecha entre el sistema de derechos y libertades que identifica a las democracias liberales, por un lado, y los intereses del capitalismo salvaje, por otro. Hasta hace bien poco el desarrollo del individuo y el cultivo de una ciudadanía crítica eran vistos como algo útil para consolidar sociedades abiertas y un sistema democrático estable en el que floreciera la libre empresa. En las últimas décadas ejemplos como el de China o Rusia han mostrado que no son necesarios ciudadanos críticos e informados ni sociedades abiertas para vivir en un ‘oasis’ de capitalismo salvaje.
Las moderadas democracias liberales, sostenidas cada vez más en precario por amenazadísimos Estados-nación (amenazadísimos por conglomerados político-empresariales de escala macroeconómica muy superior a muchos Estados), están viéndose abocadas a tremendas tensiones externas e internas que tienen el objetivo de acabar con el sistema de derechos sociales. Para ello el capitalismo salvaje actúa en dos frentes:
1. Frente externo (macroeconómico): Ataques directos y coacciones a los Estados vía acciones especulativas en Bolsa u organismos internacionales
2. Frente interno (microeconómico): Ultra regulación de la vida cotidiana de cada ciudadano. Desmantelamiento del sistema de afectos, apego y arraigo familiar (asilamiento social). Exaltación de la vida urbana como sinónimo de libertad e individualismo. Manipulación de la conducta (potenciación de comportamientos narcisistas, bombardeo aspiracional y fomento de la frustración). Conversión del tiempo de ocio en tiempo de consumo (ataque al ocio no consumista). Entretenimiento diseñado para el control de la conducta orientada a los objetivos anteriores (diversión en el sentido de distracción o evasión). Y, además: precarización de las condiciones laborales (en resumen: políticas de derecha neoliberal).
En el caso de los ataques en el frente interno, la migración masiva del campo a las grandes ciudades ha puesto las cosas aún más fáciles al capitalismo salvaje. Obviando ahora las ventajas evidentes de vivir en una megalópolis, es claro que en una gran ciudad se pierden raíces, se pierde la noción de colectividad y se disfruta de un anonimato que encubre la irresponsabilidad individual. Además (y esto no es un dato menor) se invierte mucho tiempo en desplazamientos: tiempo ideal para que se siga ultra regulando nuestra existencia con todo tipo de impactos audiovisuales.
En este contexto el periodismo de calidad es una suerte de anacronismo (o más bien, un enemigo, una amenaza real para el capitalismo salvaje). Empresarialmente no interesa: cuesta dinero, requiere tiempo y no brinda beneficios económicos especialmente grandes. Además, su mercado está desapareciendo: necesita de lectores descansados, bien formados (y la educación está como está) y que además dispongan de tiempo para reflexionar y de poder adquisitivo para invertir en la compra de ejemplares.
Los ciudadanos con buena formación, tiempo y dinero son una minoría. El ocio está proscrito. Leer la prensa con calma (y además leer no uno, sino varios periódicos, revistas, medios digitales, análisis profundos, críticas, etcétera) se ha convertido en un acto subversivo que el capitalismo salvaje no puede permitir y, lo peor, que las grandes corporaciones de la comunicación, como apéndices del capitalismo salvaje, tampoco van a tolerar.
El paulatino abandono por parte de los grandes grupos de comunicación del periodismo de calidad (en cualquier soporte) explica también algo del éxito del llamado periodismo ciudadano y de las redes sociales que, si bien pueden brindar excelentes ejemplos de periodismo de calidad, en la mayoría de los casos se quedan en la superficie de lo que ocurre. Los nuevos soportes premian la brevedad, lo instantáneo y lo ameno: por eso es como es la mayor parte del contenido que divulgan, aunque no siempre sea eso lo que buscan los ciudadanos (pese a la manipulación conductual constante a la que se ven sometidos).
Se quiera o no, hay realidades que no se pueden describir de manera breve, instantánea y amena. Todavía hay ciudadanos sin tiempo, sin ganas y sin dinero que sin embargo vencen la inercia a la que han sido empujados; ciudadanos que siguen intentando profundizar, informarse y reflexionar sobre esas realidades no banalizables… son el enemigo a batir y objeto coordinado de burla y desprecio.
El capitalismo salvaje ya no necesita a los periódicos (antes bien, cada vez los percibe más como una amenaza). Los ciudadanos, aunque no lo crean, sí los necesitan, pero lo que conviene a los ciudadanos nunca conviene al capitalismo salvaje. Ahora los políticos, que han recibido su legitimación en parte por los medios de comunicación, se ven en la disyuntiva de ayudar al periodismo de calidad en esta situación de crisis. En Francia se ha hecho pero, en general, parece poco factible: la prensa seria juega un papel esencial a la par que muy incómodo para los políticos. La prensa, cuando goza de medios y de tiempo, escruta a los políticos y también a los líderes sociales, económicos y culturales: pone de relieve corruptelas, injusticias, atrocidades... Todos contenidos muy inconvenientes para el capitalismo salvaje.
Igualmente, los grandes directivos de empresas de comunicación viven en la esquizofrenia entre cumplir su deber democrático con una ciudadanía global o, más bien, dejarse someter por los dictados de los accionistas (ávidos del máximo beneficio económico inmediato) y obedecer las órdenes inequívocas del capitalismo salvaje. Esas órdenes son el abandono del modelo de negocio que ha propiciado el periodismo de calidad. De entre todos los directivos de medios de comunicación, sólo los que tengan alma de periodista sabrán qué deben hacer (cuándo desobedecer o cuándo irse a su casa); los que tengan alma de capitalista, seguirán en la zapa.
La trivialización de la televisión y de los espectáculos de masas, la crisis de los sistemas educativos y el ocaso del periodismo de calidad pintan un futuro de totalitarismo ultracapitalista. La partida está en marcha.
(Apéndice humorístico: esta reflexión nada breve, nada instantánea y nada amena, ha sido escrita en mi día libre).
Etiquetas: capitalismo, falsos liberales, ideología, información, internet, neocons, periodismo
23.10.07
El cambio climático y la derecha española
(De cómo los conservadores usan a una joven generación de neocons duchos en Internet para defender el capitalismo salvaje)

Quedan ya para la historia las palabras de Rajoy, ayer, mostrando su ignorancia sobre el cambio climático. Al quite sale hoy Esperanza Aguirre apoyándole.
Que nadie se equivoque. La actitud de Rajoy no es un lapsus ni Aguirre se está tragando un sapo para defender a su líder. Casi nadie en el PP acepta que el clima está cambiando por culpa de las emisiones de gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana y mucho menos aceptan los conservadores (autodenominados liberales) que ese cambio en el clima supone riesgos.
Los expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), organismo científico de Naciones Unidas que recibe este año el Premio Nobel de la Paz, hacen hincapié (en su cuarto informe) en que tan importante como contener las emisiones para hacer frente al cambio climático es poner en marcha medidas de adaptación a sus efectos.
Para Rajoy, para Aguirre, para la derecha española en general, el cambio climático no es preocupante. A la derecha lo único que le preocupa es que la lucha contra el cambio climático le afecte al bolsillo. No es una cuestión baladí. El PP y la derecha económica española, tienen bien montada en España (y singularmente en Internet) toda una estructura de desinformación para luchar contra una verdad incómoda: el modelo económico actual es insostenible. Y eso sí que les preocupa.
Esa estructura mediática, formada entre otros por la COPE, Libertad Digital, Liberalismo.org, el Instituto Juan de Mariana y Criteria Club de Lectores tiene tres patas. Una política, Esperanza Aguirre; otra mediática, Federico Jiménez Losantos y otra empresarial: Alberto Recarte.
Éste último es, quizá, el personaje más influyente de la derecha española (que pretende pasar por liberal). Nacido en Madrid en 1947, fue consejero comercial de la embajada española en la Habana y consejero económico del Presidente del Gobierno en la época de Adolfo Suárez. Entre los muchos cargos que ocupa y ha ocupado están los de consejero de Cajamadrid, consejero de Endesa (PDF), vicepresidente segundo de la Fundación Hispano-Cubana, directivo del Instituto Empresa… presidente de Libertad Digital y comentarista de la COPE.
Por eso Recarte, y su empresa Libertad Digital, han sido juez y parte en los debates y tertulias radiofónicas de la célebre OPA de E.on sobre Endesa.
Recarte, precisamente, acudió junto con Aguirre al primer acto que celebró el Instituto Juan de Mariana en abril de 2005. El objeto de ese primer acto fue atacar y desacreditar el Protocolo de Kioto. Recarte expresó sin ambages que lo que más le preocupaba de dicho Protocolo eran los costes que habría de afrontar la economía española: “Costes procedentes del control administrativo de la economía que prevé la aplicación del tratado”, según cuenta la propia web del instituto.
Para una "institución" como el Juan de Mariana, tener amigos como Recarte es muy importante, dado que sólo pueden sobrevivir gracias a las aportaciones de particulares.
El Instituto Juan de Mariana está presidido por el joven profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos Gabriel Calzada. Calzada es comentarista habitual de LibertadDigital TV y articulista de LibertadDigital.es.
En general, el Instituto, formado por treintañeros de estricta observancia neocon y un contrastado dominio de las nuevas tecnologías e Internet, ha hecho de la desinformación sobre el cambio climático su principal objetivo. Digamos que la derecha rancia española, que no entiende de ordenadores, ha depositado en esta joven generación la misión de llevar la prédica neocon a Internet.
Los artículos del Instituto contienen perlas como ésta del (joven) ingeniero agrónomo Alberto Illán Oviedo acerca de los estudios del panel de la ONU sobre el Cambio Climático: "La moraleja final de estos informes e informaciones es siempre la misma, la culpa la tiene el capitalismo. A mediados de septiembre el Gobierno culpaba al auge económico de que no cumpliera los compromisos medioambientales adquiridos con la UE, lo que impedía que pudiera controlar la contaminación (…) ¿Quién dijo que el socialismo había muerto? Sólo ha mutado, y en vez de rojo se ve verde. El problema es que hay mucho daltónico”.
Es sólo un ejemplo. Pero hay muchos.
Por su parte, Crietria Club de Lectores es una suerte de Círculo de Lectores en versión ultraconservadora. Aliados con HazteOir.org, su catálogo de libros casi mueve a la risa: negacionismo climático, creacionismo, islamofobia, nacional-catolicismo, y todos los piosmoas y cesarvidales del mercado. Lo mejor, su pacata sección de libros “juveniles”.
Por cierto que el libro estrella de este mes en Criteria es la ‘Guía políticamente incorrecta del calentamiento global’ de Christopher C. Horner, miembro del Competitive Enterprise Institute (CEI), un grupo de presión estadounidense dedicado a la promoción de la libre empresa y la limitación de los gobiernos: “Creemos que la mejor ayuda para las personas no es la intervención de un gobierno, si no la toma de decisiones individual en un marco de libre mercado”, reza la web del CEI.
Que se lo digan a los ancianos que sobreviven con una pensión mínima o a los desahuciados por no poder hacer frente a la hipoteca. A ver qué les parece el capitalismo salvaje como “marco” para tomar una “decisión individual”.
Y, sí. Sorpresa: el propio Christopher C. Horner intervino en aquel mítico acto de inauguración del Instituto Juan de Mariana sobre el protocolo de Kyoto.
Este repaso a la estructura de desinformación de la derecha en España (especialmente dedicada a defender el capitalismo salvaje por la vía de negar el cambio climático) concluye con un clásico del ciberespacio hispano: Liberalismo.org.
Aquí escriben prácticamente todos los miembros del Instituto Juan de Mariana. El editor de Liberalismo.org es Daniel Rodríguez Herrera que, además, es editor de Redliberal.com, jefe de opinión de LibertadDigital.es y vicepresidente del Instituto Juan de Mariana. Rodríguez Herrera es el aglutinador de la tela de araña hispana de blogs autodenominados ‘liberales’, que en realidad son conservadores.
Un complejo de opinión bien engrasado y que vive de la autorreferencia. Unos se citan a otros como “expertos” o “investigadores”, se invitan a sus programas y se dan la razón mutuamente tras una falsa apariencia de pluralidad y diversidad de orígenes.
ACTUALIZACIÓN (24-10-2007):
EL PAÍS publica hoy un amplio reportaje coincidente en parte con este post
(De cómo los conservadores usan a una joven generación de neocons duchos en Internet para defender el capitalismo salvaje)

Quedan ya para la historia las palabras de Rajoy, ayer, mostrando su ignorancia sobre el cambio climático. Al quite sale hoy Esperanza Aguirre apoyándole.
Que nadie se equivoque. La actitud de Rajoy no es un lapsus ni Aguirre se está tragando un sapo para defender a su líder. Casi nadie en el PP acepta que el clima está cambiando por culpa de las emisiones de gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana y mucho menos aceptan los conservadores (autodenominados liberales) que ese cambio en el clima supone riesgos.
Los expertos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), organismo científico de Naciones Unidas que recibe este año el Premio Nobel de la Paz, hacen hincapié (en su cuarto informe) en que tan importante como contener las emisiones para hacer frente al cambio climático es poner en marcha medidas de adaptación a sus efectos.
Para Rajoy, para Aguirre, para la derecha española en general, el cambio climático no es preocupante. A la derecha lo único que le preocupa es que la lucha contra el cambio climático le afecte al bolsillo. No es una cuestión baladí. El PP y la derecha económica española, tienen bien montada en España (y singularmente en Internet) toda una estructura de desinformación para luchar contra una verdad incómoda: el modelo económico actual es insostenible. Y eso sí que les preocupa.
Esa estructura mediática, formada entre otros por la COPE, Libertad Digital, Liberalismo.org, el Instituto Juan de Mariana y Criteria Club de Lectores tiene tres patas. Una política, Esperanza Aguirre; otra mediática, Federico Jiménez Losantos y otra empresarial: Alberto Recarte.
Éste último es, quizá, el personaje más influyente de la derecha española (que pretende pasar por liberal). Nacido en Madrid en 1947, fue consejero comercial de la embajada española en la Habana y consejero económico del Presidente del Gobierno en la época de Adolfo Suárez. Entre los muchos cargos que ocupa y ha ocupado están los de consejero de Cajamadrid, consejero de Endesa (PDF), vicepresidente segundo de la Fundación Hispano-Cubana, directivo del Instituto Empresa… presidente de Libertad Digital y comentarista de la COPE.
Por eso Recarte, y su empresa Libertad Digital, han sido juez y parte en los debates y tertulias radiofónicas de la célebre OPA de E.on sobre Endesa.
Recarte, precisamente, acudió junto con Aguirre al primer acto que celebró el Instituto Juan de Mariana en abril de 2005. El objeto de ese primer acto fue atacar y desacreditar el Protocolo de Kioto. Recarte expresó sin ambages que lo que más le preocupaba de dicho Protocolo eran los costes que habría de afrontar la economía española: “Costes procedentes del control administrativo de la economía que prevé la aplicación del tratado”, según cuenta la propia web del instituto.
Para una "institución" como el Juan de Mariana, tener amigos como Recarte es muy importante, dado que sólo pueden sobrevivir gracias a las aportaciones de particulares.
El Instituto Juan de Mariana está presidido por el joven profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos Gabriel Calzada. Calzada es comentarista habitual de LibertadDigital TV y articulista de LibertadDigital.es.
En general, el Instituto, formado por treintañeros de estricta observancia neocon y un contrastado dominio de las nuevas tecnologías e Internet, ha hecho de la desinformación sobre el cambio climático su principal objetivo. Digamos que la derecha rancia española, que no entiende de ordenadores, ha depositado en esta joven generación la misión de llevar la prédica neocon a Internet.
Los artículos del Instituto contienen perlas como ésta del (joven) ingeniero agrónomo Alberto Illán Oviedo acerca de los estudios del panel de la ONU sobre el Cambio Climático: "La moraleja final de estos informes e informaciones es siempre la misma, la culpa la tiene el capitalismo. A mediados de septiembre el Gobierno culpaba al auge económico de que no cumpliera los compromisos medioambientales adquiridos con la UE, lo que impedía que pudiera controlar la contaminación (…) ¿Quién dijo que el socialismo había muerto? Sólo ha mutado, y en vez de rojo se ve verde. El problema es que hay mucho daltónico”.
Es sólo un ejemplo. Pero hay muchos.
Por su parte, Crietria Club de Lectores es una suerte de Círculo de Lectores en versión ultraconservadora. Aliados con HazteOir.org, su catálogo de libros casi mueve a la risa: negacionismo climático, creacionismo, islamofobia, nacional-catolicismo, y todos los piosmoas y cesarvidales del mercado. Lo mejor, su pacata sección de libros “juveniles”.
Por cierto que el libro estrella de este mes en Criteria es la ‘Guía políticamente incorrecta del calentamiento global’ de Christopher C. Horner, miembro del Competitive Enterprise Institute (CEI), un grupo de presión estadounidense dedicado a la promoción de la libre empresa y la limitación de los gobiernos: “Creemos que la mejor ayuda para las personas no es la intervención de un gobierno, si no la toma de decisiones individual en un marco de libre mercado”, reza la web del CEI.
Que se lo digan a los ancianos que sobreviven con una pensión mínima o a los desahuciados por no poder hacer frente a la hipoteca. A ver qué les parece el capitalismo salvaje como “marco” para tomar una “decisión individual”.
Y, sí. Sorpresa: el propio Christopher C. Horner intervino en aquel mítico acto de inauguración del Instituto Juan de Mariana sobre el protocolo de Kyoto.
Este repaso a la estructura de desinformación de la derecha en España (especialmente dedicada a defender el capitalismo salvaje por la vía de negar el cambio climático) concluye con un clásico del ciberespacio hispano: Liberalismo.org.
Aquí escriben prácticamente todos los miembros del Instituto Juan de Mariana. El editor de Liberalismo.org es Daniel Rodríguez Herrera que, además, es editor de Redliberal.com, jefe de opinión de LibertadDigital.es y vicepresidente del Instituto Juan de Mariana. Rodríguez Herrera es el aglutinador de la tela de araña hispana de blogs autodenominados ‘liberales’, que en realidad son conservadores.
Un complejo de opinión bien engrasado y que vive de la autorreferencia. Unos se citan a otros como “expertos” o “investigadores”, se invitan a sus programas y se dan la razón mutuamente tras una falsa apariencia de pluralidad y diversidad de orígenes.
ACTUALIZACIÓN (24-10-2007):
EL PAÍS publica hoy un amplio reportaje coincidente en parte con este post
Etiquetas: medio ambiente, medios, neocons, opinión, política, prensa
