16.9.15

El Toro de la Vega y la clave de lo que nos hace humanos 

Lo que nos hace humanos, en buena medida, es la consciencia de nuestra propia existencia y de nuestra fugacidad. Cuando los antropólogos buscan en los yacimientos prehistóricos indicios de los primeros comportamientos puramente humanos, lo que buscan son ejemplos de este tipo de autoconsciencia. Entre los vestigios que muestran una alborada de la humanidad tienen especial importancia los enterramientos, porque indican que los individuos de un grupo humano se reconocieron en la suerte de un semejante fallecido y, mediante ritos funerarios, le ofrecieron aquello que cada miembro del grupo querría para sí: afecto, atención, respeto y memoria.

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18.6.15

La ‘dura vida’ de Montoro 

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, advirtió el lunes a los nuevos gobiernos locales y autonómicos que deben cumplir las leyes. Lo dice Montoro, ese ministro cuyo Gobierno incumple la ley sistemáticamente, pero sólo a favor de los poderosos y los ricos.

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21.5.11


Hemos despertado 



La Puerta del Sol en la madrugada del 21-M

"Me llamo Pablo y soy uno de los integrantes de la plataforma de Democracia Real Ya como lo son Isa, Laura, Cristian, Ivan, Carlos, Jon, Manu, Olga, Jorge, Pepe, Fabio, Jaime, Chema, Clara, Aida, Lidia, Alfonso, Vicente, Marcos, Fran, Miguel, Iñigo, Adrián, Paco, Ana, Claudia y si siguiera diciendo nombres probablemente tendríamos cualquier nombre inscrito en el registro civil..."

(Sigue leyendo 'Hemos despertado', de Pablo Gallego, en el blog El Manifiesto de la Juventud')

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3.5.11


La victoria de Bin Laden 


fotografía del dormitorio donde presuntamente fue abatido Bin Laden

Veo una cama revuelta y sangre en el suelo. Es sangre humana. Hay una aspiradora descompuesta sobre lo que parece el quicio de una puerta fuera de quicio. Y sangre, sangre humana en el suelo. Las sábanas hechas un despojo. Sangre como la de cualquier víctima, en el suelo, en las paredes, solo que esta sangre es de un asesino y, por lo tanto, también de un ser humano. Como cualquier víctima. La habitación, la cama, el desorden son los típicos de cualquier asesinato: mediocres, sucios, atroces.

Pero era un asesino peligroso. Tenía un sueño: un mundo sin derechos, sin separación de poderes, sin garantías judiciales, sin libertades individuales, sin intimidad, sin democracia. Un mundo en el que reinara la mentira, la ocultación, la tortura, la sangre humana manando a borbotones, como la suya, como la de sus víctimas, como la de los que murieron junto a él (una mujer y tres hombres, dicen).

Da igual que hace tiempo lo sabios dijeran “la violencia engendra violencia”. Da igual que generaciones pasadas intentaran consagrar, siquiera precariamente, el derecho a la vida y a un juicio justo. Occidente ha renunciado a su ideal y ha abrazado su realidad: el reino de la mentira, la ocultación, la tortura, la sangre humana manando a borbotones. Veo esa sangre en las pulcras camisas de los líderes ‘del mundo libre’, de las sociedades ‘avanzadas’. Occidente ha cumplido el sueño de Bin Laden.

Pericles, Cristo, Marco Aurelio, Montaigne, Voltaire, Rousseau, Tolstoi, Ghandi, Luther King… Ellos y otros muchos intentaron hacernos comprender que la vida humana, toda vida humana, es el valor supremo. Da igual, sus enseñanzas han quedado borradas por una sábana revuelta, empapada en sangre.

Y no es raro, lo raro era ese delicado edificio ideal de valores: ese logro intelectual, ese ejemplo de superación humana que es la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Lo difícil es contener la sed de venganza, y administrar Justicia a su debido tiempo. Lo fácil es dar rienda suelta a la bestia humana, al ejecutor. Lo difícil es sobreponernos a nuestra animalidad.

Hemos optado por lo fácil.

Se nos dice que él no respetó los derechos de sus víctimas. Claro que no, era un terrorista. Los terroristas no respetan ese tipo de cosas. Tampoco lo hacen ahora nuestros Estados ‘avanzados’.

Poca gente es consciente de la fragilidad de los Derechos Humanos. Es común que la ficción legitime la idea de que el fin justifica los medios. Ahora ya no son novelas y películas las que lo hacen: ahora son Estados (en los que en el pasado nacieron los Derechos Humanos) los que con sus actos o palabras refrendan que el fin justifica los medios.

Ya podemos empezar a enseñarlo en las escuelas y universidades sin miedo. Ya podemos divulgar que nuestra idea del ser humano ha cambiado. Que la condición humana ha quedado oficialmente devaluada en Occidente y que, lo mejor, es felicitar a quien ha logrado esa fácil devaluación. Para los líderes europeos vuelve a haber casos en que la pena de muerte está justificada.

Desterremos a los pacientes, a los reflexivos, a los previsores, a los estudiosos. Reneguemos del largo plazo. No pensemos en las consecuencias. Abracemos los resultados inmediatos, a los soldados, a los héroes por un instante fulgurantes. El retardo y la calma son de cobardes.

Ahora cuando el Ejército israelí asesine en Gaza, mostrémonos comprensivos o, por qué no, felicitémosles. Cuando AlQaeda asesine, pensemos que, para ellos también, el fin justifica los medios. Su lógica es nuestra lógica.

Europa ha muerto. El terror ha vencido.

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21.2.10


Una extraña fruta… 


…que cuelga de un árbol

Poca gente conoce la historia de ‘Strange Fruit’, canción que en 2009 cumplió 70 años y que abrió las puertas de la fama a la cantante de jazz Billie Holiday. Con una letra sobrecogedora, este tema sirve también de guía para entender el alma de la izquierda en EE UU. Su gestación y repercusión une la lucha por la dignidad de los negros, de la mujer, de los judíos, la libertad de expresión, el comunismo, la democracia y, especialmente, la lucha contra la pena de muerte.

Sumergirse en ‘Strange Fruit’ es comprender un poco mejor Estados Unidos y también nuestra realidad de fanatismos religiosos e ideológicos, extendidos por todo el globo.

La canción fue compuesta, primero como un poema, por Abel Meeropol, un judío neoyorquino afiliado al Partido Comunista de EE UU, quien quedó impresionado al ver las fotos del ahorcamiento popular en Indiana de los negros Thomas Shipp y Abram Smith (en la imagen).

Meeropol era un habitual del Café Society, donde a finales de la década de los treinta entró a cantar Billie Holiday. El autor de la canción es un tipo poco conocido. Empleaba el mote de Lewis Allan (o Allen) en honor a sus dos hijos nonatos, que murieron en el vientre materno.

Quizá los problemas para engendrar que tenía su mujer Anne, y el compromiso político de la pareja, les llevaron a adoptar (cuando estos tenían 3 y 7 años respectivamente) a los hijos de Julius y Ethel Rosenberg, el matrimonio de supuestos espías a sueldo de la URSS, ejecutados en la prisión de Sing Sing en 1953, en pleno auge del macarthismo. El caso alcanzó eco internacional. Picasso, entre otros, escribió en el diario comunista francés ‘L’Humanité’: "Las horas cuentan. Los minutos cuentan. No dejéis que este crimen contra la humanidad tenga lugar".

Billie Holiday hizo suya esta canción y la reservaba en numerosas ocasiones para el final de sus conciertos. Generalmente, tras escucharla, el público quedaba turbado y en silencio. No siempre el auditorio era tan permisivo con semejante mensaje en defensa de los Derechos Humanos y en alguna ocasión Holiday tuvo que salir corriendo de algún escenario ante la amenaza de agresión…

Los hijos criados por el matrimonio Meeropol, Robert y Michael, son autores de un par de libros en los que tratan de exculpar a sus padres biológicos. Las nietas adoptivas del autor de ‘Strange Fruit’, Ivy Meeropol (41 años) y Rachel Meeropol (35 años) están en la primera línea de la defensa de los derechos civiles en EE UU.

Ivy es cineasta, en 2004 estrenó el documental ‘Heir to an Execution’, sobre la ejecución de sus abuelos biológicos. Acaba de dirigir la serie documental ‘The Hill’, sobre el trabajo de los ayudantes del congresista demócrata por Florida Robert Wexler.

Rachel es abogada en el Centro para los Derechos Constitucionales de EE UU (CDC). Se ha querellado contra el ex presidente Bush, el FBI y la CIA, a quienes acusa de espiar las comunicaciones del CDC. Lleva casos como el de Turkmen vs. Ashcroft (contra el antiguo fiscal general de Bush, John Ashcroft), relacionado con las detenciones ilegales y torturas, en el marco de las legislaciones regresivas implantadas en EE UU tras el 11-S. Rachel también es autora de un ensayo sobre las detenciones ilegales en EE UU y de un manual de derecho para presos en el corredor de la muerte.

Basta tirar del hilo de ‘Strange Fruit’ para recorrer la historia de la lucha por la libertad en los últimos 100 años en EE UU. Aquí os dejo con una traducción de la letra de la canción y con un vídeo de Billie Holiday interpretándola. Que su mensaje y sus consecuencias no se olviden.



De los árboles sureños cuelga una extraña fruta
Sangre en las hojas y sangre en la raíz
Negro cuerpo meciéndose en la brisa del Sur
Fruta extraña, que cuelga de los álamos

Pastoril escena del galante Sur
Los ojos desorbitados, la boca retorcida
Dulce y fresco aroma de magnolia
¡Y entonces el repentino olor a carne ardiendo!

Aquí está la fruta para que los cuervos la picoteen
Para que madure con la lluvia, para que el viento la chupe
Para que el sol la pudra, para que los árboles la dejen caer
Aquí está una cosecha amarga y extraña.


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Este artículo está dedicado a Fernando Navarro, autor de 'La Ruta Norteamericana'

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19.1.05





De nuevo torturas en Irak. Ahora los británicos. Gran Bretaña es el hogar de las libertades individuales. Donde se creó el concepto de individuo. Donde surgió la Ilustración (Enlightenment, se llamaba, -gracias por la corrección, DED-). Espero un juicio ejemplar contra esos soldados. Parece que Europa viola los derechos cuando trata de imponerlos. No es la primera vez. Lo mismo pasó con soldados belgas en, creo, Ruanda hace unos años; y lo mismo viene pasando desde la época de las colonias. Parece que Sartre tenía razón cuando en El Diablo y el Buen Dios, muestra que es imposible hacer el bien.

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